La teoría conspirativa del color de base

Soy morocha. Brunette. Morena. Brune. Como sea y en el idioma que sea. Pero (siempre hay un pero) no de esas morochas argentinas de piel sedosa y bronceada todo el año, sino pálido-verdosa. Está en mis genes. Además, odio el sol, por lo que mi piel suele permanecer del lado insalubre del espectro colirimétrico incluso en verano.

Ahora bien, confundidas quizás por el color de mi pelo y mis ojos y mis rasgos tirando a autóctonos, las vendedoras de perfumerías, farmacias y heladerías insisten en venderme bases muy oscuras. El color que una morocha argentina de pura cepa debería usar, digamos. Durante mucho tiempo también yo me creí ese verso, y a la hora de maquillarme no entendía por qué de repente la base quedaba tan artificial. Además, para empeorar las cosas, mi piel tiende a oxidar las bases. Es decir que con el paso del tiempo el color se va transformando en un muy poco favorecedor naranja.

Según lo que leí en el maravilloso mundo de Internet, más precisamente en el submundo de los foros de belleza, a muchas les pasa. Por diferentes razones, más de una llegó a casa con una botellita de base de un color que andá a difuminar sin que se note.

Uno de los errores más comunes que se comenten en este tema pasa por el dónde:

Dónde compro: sí o sí en un lugar que tenga testers. A ojo no sirve.

Dónde lo pruebo: la mano tampoco no sirve. En mi caso, las manos son bastante más oscuras que el resto de mi cuerpo (no solo de mi cara) porque están expuestas al sol, los detergentes y ciertas galletas de chocolate. Además, por una cuestión de lógica, si te comprás una base para la cara la tenés que probar... en la cara. ¿O te probás los zapatos en la cabeza, acaso? El mejor lugar es cerca del cuello, porque lo una busca con la base (o lo que debería estar buscando) es unificar todo el tono, dar un aspecto uniforme, y el cuello está ahí, cerquita. Todo tiene que quedar parejo. Andar con la cara de un color y el cuello de otro no es bonito.

Dónde me fijo cómo me queda: las luces de las perfumerías suelen ser muy engañosas. Salí a la vereda y fijate cómo te queda (para eso son útiles los espejos en la cartera. También para ver si te quedó perejil entre los dientes después de comer). Entrá a un negocio con luz normal, preguntá a cuánto está el último CD de Rata Blanca y de paso mirá si la línea de base que te pusiste se nota o no. Con estos simples pasos deberías tener una idea acabada de si ése es tu tono o tenés que probar uno nuevo.

Y sí, es algo que toma tiempo, pero teniendo en cuenta que va a ser casi lo primero que noten (o no, en el mejor de los casos) de vos, no debería ser algo que se compre a las apuradas.

Lo que yo me pregunto es ¿cuál es el propósito oculto detrás de las vendedoras? ¿Querrán que vuelvas a comprar otro frasquito al toque? ¿Será mera ignorancia? ¿Hay agencias de inteligencia detrás de esto?