Si hay crisis que no se note - Club Titanium de Colorama

Siempre a la caza de colores levantacejas, encontrábase quien escribe mirando la sección de esmaltes de una perfumería local cuando voilà, Colorama. Si vivís de este lado del mundo debés estar familiarizada con esta marca de Maybelline. La última vez que usé uno de esos esmaltes fue hace años. Compré uno solo y no me quedaron ganas de reincidir, derrotada por una fórmula despareja y un pincel que, oh Zeus, era una copia a escala del pelo de esos muñecos, los Trolls, que tanto aterrorizaron mi infancia. Pero la vida, que no es otra cosa que una sucesión de segundas oportunidades, puso de nuevo en mi camino a una botellita de Colorama. Alentada por su precio escandalosamente bajo (menos de 10 pesitos argentinos) y por un color gris oscuro con intenciones verde-azulo-apetroladas, me tenté y la llevé a casa.  A primera vista, el pincel mejoró bastante desde nuestro último encuentro. No garantiza una aplicación pareja pero al menos hace el intento.  La fórmula, en cambio, sigue siendo complicada. Requiere un control extremo, cualidad de la que carezco y cuya ausencia se traduce en las fotos que ilustran esta review. Con base y top coat, la duración sin inmutarse es de unos tres días, lapso a partir del cual tiende a despegarse en pedazos más o menos gigantes. Pero por menos de diez pesos, quejarse de esto sería un exceso.

Resumiendo: si querés experimentar con colores oscuros y no te animás a desembolsar 30 pesos en algo que quizás usés una o dos veces, el Club Titanium de Colorama... zafa.