Reseña: Revlon en Emerald City

La cena transcurrió entre risas contenidas y charla sin sentido, la mente puesta en el después. Ella extendió su mano para levantar la copa y, casi sin querer, rozó la de él con su meñique.

De Verde Pasión

El 83,4% de las mujeres de 22 a 83 años tendrá, a lo largo de su existencia, por lo menos una cita que empiece como un compromiso y termine como lo mejor que le pasó en la vida. Antes de esa edad, todas las citas, salidas y demases no cuentan más que como un entrenamiento y, en la mayoría de los casos, es preferible olvidarlas, porque después una llega a (y pasa) los 30 y se encuentra con gente y se pregunta escandalizada ¿Yo salí con eso? Lo peor de todo es que una sabe que del otro lado probablemente estén pensando lo mismo. Despues de los 83, en cambio, una ya deja las pretensiones y se sube al primer bondi de jubilados que pase por el asilo. ¡Fiesta, nena!

¿De qué estás hablando, Willis?

Todo esto viene a que cuando vi Emerald City tuve el acto reflejo que tengo con todos los esmaltes verdes: tengo que tenerlo. Es decir, el compromiso, la obligación. Después llegó el amor. Para siempre.

Emerald City es un verde oscuro, un verde hoja diríamos, con miles de pequeñas partículas brillantes. La botellita lo describe como un matte suede. Teniendo en cuenta que matte es mate y suede es gamuza, y que probablemente Revlon no quiera que me siente a tomar unos mates con un bóvido de la subfamilia Caprinae, me inclino a pensar que se refiere al acabado del esmalte. La aplicación reviste sus inconvenientes. Al tener cierta textura, una capa muy delgada puede conllevar improlijidad y desencanto y necesitar tres manos para el color perfecto. Si de base arrancás con una capa ni tan tan ni muy muy, con dos manos alcanza.

El pincel es el mismo de siempre, fino y flexible. La fórmula, además de la textura compleja de la que ya hablamos, es bastante líquida, sin llegar a ser desesperante. Requiere paciencia, nomás. Sobre la duración, ponele la firma que dura menos que los demás, a menos que cometas la herejía de ponerle una mano de topcoat, lo que resultaría en la pérdida inmediate del efecto matte suede. Dicen que si lo hacés viene una gamuza y te pide un mate. O terminás tirando un mate sobre tu campera de gamuza. Las maldiciones nunca son muy específicas...

Resumiendo: es el Hugh Jackman de los esmaltes. En los pies queda buenísimo. El esmalte también, claro.