Reseña: Revlon en Midnight Affair

La noche se me estaba haciendo infinita. La espera, los nervios, el no saber si vendría. Cuando ya llevaba contadas un millón y medio de estrellas, los faros de un auto iluminaron la calle. El ronroneo del motor se detuvo a mi lado.

De La noche y los sueños

Casi se me traspapela esta review. Ando tan enamorada de Emerald City que éste, mi antiguo y efímero favorito, quedó en el olvido. Pero al César lo que es del César, sea Banana o sea Millan, aunque dudo que cantantes y encantadores de perros comulguen con los esmaltes azules.

Midnight Affair llegó en mis vacaciones, en el frenesí comprador que impone estar en una ciudad fronteriza donde todo, en teoría, es más barato. Pero así hubiera sido en el free shop de Dubai, a petrodólares, igual habría caído. Es tan lindo. Un azul noche profundo, como su nombre lo indica, con miles de pequeñas partículas ¿plateadas? ¿celestes? ¿peltres? Ya saben soy un desastre para los colores.

Además, es tan dócil. Lejos de los caprichos de otros (cof cof Plum Night cof cof), este esmalte se aplica en un periquete. Sí necesita dos buenas capas, este tipo de fórmula de Revlon (la de las miles de pequeñas partículas brillantes nadando en un mar de esmalte) no suele quedar muy opaca o muy prolija en la primera mano. Sin embargo, no requiere mucho esfuerzo, es fluida pero hasta ahí nomás. Los Revlon cuando salen buenos, no hay vuelta que darle, son un primor.

Dura bastante. El único tema es que al ser tan oscuro, el accidente más pequeño se nota a leguas de distancia. Si sos medio bestia para las tareas manuales como la que escribe estas líneas, estás frita. Pero con amor y topcoat todo se logra en la vida.

Resumiendo: lindo para las noches de invierno que se vienen (o al menos deberían venirse). Y más discreto, a mi modo de ver, que Emerald City. Queda en vos.