Esmaltes de verano + Project Pan

Buenas y santas, gente de la blogósfera. Estalló la temporada primavera/verano en mi provincia. Árboles y arbustos en flor, pajaritos cantando a la madre naturaleza y yo con un humor de morondanga porque esta época del año me desquicia. A eso súmenle que hace meses que no llueve y que uno de los mencionados pajaritos no solo anidó frente a mi ventana, sino que además se le da por expresar su alegría de ser un plumífero desde las 5 AM hasta las 8 PM. Aborrézcole.

Consideren eso una muy amarga introducción a lo que viene a ser el recuento de mis esmaltes favoritos para el verano. Aparecen los colores vivarachos y mis manos están muy contentas con eso. No así con la tendencia pastel, que queda espantosa sobre mi piel verdosa (remember Minted? Ahí tienen).

Los elegidos son, guardando un orden más o menos colorimétrico:

Natural Pinky Beige, de Colorama: el color para ir a ver clientes y que éstos no huyan despavoridos. Tierno, suave y cálido.

Mango Tropical, de Cutex: el esmalte redudante es alegre, tiene swing (aunque andá a saber si Fito está de acuerdo) y va a quedar buenísimo en los pies. En las uñas, claro, sobre el empeine sería un desastre, ¡y no les cuento en las plantas!

Hot Salsa, de Maybelline: clásico de clásicos, fiel compañero de emociones, lindo hasta decir basta.

Coral Me Wild, de Revlon: una fórmula imperturbable al paso del tiempo y un color impresionante, para hacer el amague de ir a la pileta y quedarse a tomar helado en el aire acondicionado.

Passionate Red, de Maybelline: color para salir de noche, para casamientos, para ir a la esquina a ver si (¡por fin!) llueve.

Fire Fox, de Revlon: me importa tres pepinos si se usan o no los mates. Este esmalte me encanta para todo el año.

Peltre, de Artez Westerley: divino para ocasiones especiales (y espaciales, por qué no), sobre uñas cortísimas y prolijas. Más y sería un abuso.

Militar, de Colorama: el verde que se deja ver sin encandilar. Para fines de semana indolentes y/o campestres. Sale con mate y facturas.

Ocean Breeze, de Revlon: las olas, el viento y el frío del mar, condensados en un esmalte adorable y sin los inconvenientes de la arena y los niños jugando a hacer castillitos.

Cielo Azul, de SaraC: un color tan lindo que amerita olvidarse de lo traumáticos que son los baldecitos.

Recordemos:

Como ven, estoy cubierta para todo el verano. Y como estoy cubierta y el conteo total de esmaltes se está acercando peligrosa e inexorablemente a las 3 cifras, sale un project pan (en la reseña de Ocean Breeze pueden ver más o menos de qué se trata un pp). La promesa, fácil se cumplir mientras las compañías sigan sacando colores parecidos a los que ya tengo o definitivamente ñoños, es no volver a comprar un esmalte hasta que por lo menos cinco o más de los anteriormente mencionados:

1) bajen el nivel hasta más allá de la mitad,

2) se pongan intratablemente espesos, o

3) sean abducidos por una nave espacial ovalada una noche sin luna.

Si ven en el blog alguna reseña de esmalte, es porque ya lo tenía de antemano y se me traspapeló, pero nuevo-nuevo, nada. A por los pasteles a otro blog.

Y ustedes, ¿qué esmaltes piensan usar este verano?