Reseña: Avon en Sequined Turquoise

Hace siglos que no compro Avon. No tengo una revendedora a mano y el local me queda lejos. Además, siempre me pintó como una marca convencional, por decirlo de alguna manera. No estoy muy al tanto de sus últimos productos, aunque sé que el mítico gel liner del que hablan tanto las Pixiwoo no llegó por estos lados. Bah, creo. Este esmalte me llegó de sopetón como regalo y me sorprendió gratamente. Pensé, por un momento, que Sequined Turquoise y yo podríamos vivir felices para siempre.

Para siempre es la expresión clave de esta reseña.

Como pueden ver, el color tiene personalidad múltiple. Oscila entre el verde y el azul, embanderándose en la familia de los teals. A pesar de tener toneladas de glitter talla M, la aplicación es un sueño. Tiene la consistencia justa, no se empasta ni se desparrama. El pincel es fino y firme. Seca rapidísimo. Con una capa se logra un buen color, con dos queda perfecto.

Pasemos al tema de la duración. Las fotos que van a ver son del día tres (dos y medio, a decir verdad) y a esa altura del partido el esmalte seguía intacto. Al día cuatro, ni mú. Al quinto, ya estaba medio aburrida. Al sexto, dije basta.

Sé, por experiencia propia y cultura general (?), que remover un esmalte glitter es un parto de trillizos (cosa que, digan lo que digan los guionistas de Friends, no es soplar y hacer botellas). Por esa razón tomé todo un paquete de algodón, una botella extra large de quitaesmalte y una taza de té de tilo. Hice unas cuantas poses de yoga y me dispuse a eliminar a Sequined Turquoise de mis uñas.

La técnica que suele funcionarme en estos casos es apoyar el algodoncito embebido en quitaesmalte y dejarlo sobre la uña el tiempo que toma resolver un sudoku de dificultad media, más o menos. Error, craso error. No sólo tomó tres sudokus, sino que además el esmalte se las ingenió para atravesar la base Cutex que uso habitualmente antes del color y me tinó la uña de verde en algunos sectores. Para colmo de males, es de esos esmaltes que no se conforman con quedarse en el algodoncito, tienen que teñir los dedos en el camino. Y cómo se aferra a la epidermis, el muy astuto.

Para siempre, dijimos.

Resumiendo: una semana y dos esmaltes después, todavía hay sectores de uña con una sombra verduzca. Es triste, porque el color es divino y se la re banca, pero esta permanencia exagerada es un poco molesta. Para audaces y temerarias.