Reseña: True love (paleta de Kat Von D)

Allá en el Norte, donde los veranos son nuestros inviernos (y viceversa) existe un lugar maravilloso en donde todos los sueños makeup-eros se hacen realidad (siempre y cuando una cuente con una tarjeta de crédito, condición que suele ser fundamental a la hora de concretar ilusiones de esta índole). Este sitio se llama Sephora y cualquiera que haya estado allí sabe de lo que estoy hablando. Si, en cambio, no tienen la dicha de saberlo, pueden visitar su equivalente virtual y empezar a soñar despiertas. También allá en el Norte, hay una señorita no muy aseñorada que responde al nombre de Kat Von D. Tatuadora ella, y de las buenas, Miss K ha sabido convertirse en un ícono en cuanto a moda y estilo, por lo que no sorprendió a nadie que hace unos años Sephora y ella se aliaran para crear una marca con su nombre. De toda su línea de maquillaje, las paletas de sombras True Romance son el principal objeto de deseo (al menos del mío, no voy a andar respondiendo por deseos ajenos). Y es aquí donde aparece True Love. Cuando la vi en el sitio web fue amor a primera vista. Las otras paletas son muy lindas, pero ésta tenía todo lo que yo quería: una buena gama de violetas, un negro-negro-negro (muchos tienden a ser más bien grises oscuritos) y un par de sombras de colores neutros, como para compensar tanta oscuridad.

La pigmentación de la paleta es excelente. Es más, por experiencia propia recomiendo tomar muy poco producto, porque de lo contrario puede terminar en una masacre. En cuanto a la textura, Peanut, la primera sombra desde la izquierda, es un poco... ¿polvosa?, con perdón de la expresión, y tiende a desparramarse por el párpado, las mejillas, el espejo y los poblados vecinos. Las demás son más amigables y, ya sea por obediencia o por pereza,  se quedan adonde una las pone. Benji, la sombra en crema, es un dorado perfecto y puede trabajarse sola o bien como base de otras sombras. Missy (insértese un dedo acusador aquí), es un poco tramposa. En la paleta parece un blanco inocentón, pero tiene un transfondo violeta que es más o menos evidente según cómo le dé la luz. Lucifer es todo lo que una puede esperar de una sombra negra y es súper fácil de trabajar (cosa que no es tan común con sombras oscuras).  Cholita, Shiba y Babe quedan muy bien juntas en un look ahumado para la noche, y Rebekah es un excelente color para no caer en un clásico marrón aburrido en un look de día.

La paleta trae unos aplicadores que todavía no probé, pero a simple vista son mejores que las clásicas esponjitas. Además hay un muy buen espejo y el tamaño de la paleta es respetable: entra en una cartera sin inconvenientes, pero no es tan chica como para ponerla en un bolsillo (¿por qué una querría poner una paleta de sombras en el bolsillo, después de todo? ¿no es suficiente con los miles de teléfonos celulares que se sacrifican año a año?).

Resumiendo: es un muy buen producto con pocas desventajas. La primera es el precio, 32 dólares no es poco (pero por calidad tampoco es tanto) y la segunda es que está allá leeeeeejos. No justifica un sello en el pasaporte, pero si por esas cosas de la vida una termina yendo para esos pagos, una vueltita por Sephora y por el stand de Kat Von D no le hacen daño a nadie.

Quiero agradecer desde el fondo de mi corazón a mi hermana Claudia, la de allá al Norte, sin la cual esta paleta jamás habría llegado a mis manos. ¡Besos, sis!