Reseña: cuarteto Seashore frosts de Maybelline

Hay momentos en mi vida en los que no sé cómo termino metida en líos. Es así que tengo una mascota sumamente estúpida, con patas que se mueven cada una para un lado distinto. En cualquier momento hace la gran Tupac Amaru y en vez de una perra voy a tener cuatro. En fin, ¿de qué estábamos hablando? En este raid farmacéutico del que les hablé en alguna oportunidad, Maybelline consumió gran parte de mis compras. Y sin saber cómo este cuarteto llegó a mis manos. Aclaremos algo: el azul me queda mal. Saca a relucir mi tonalidad verdosa. Y los morados/violetas que mejor me quedan son los oscuros. Con el verde, cosa rara, está todo bien. Es decir: yo no debería haber comprado el 75% de este cuarteto.

Pero lo hecho, hecho está, y aquí estamos haciendo la review. La pigmentación es buena, sin ser ¡wow! y los colores son bastante fieles a lo que parecen ser (o sea que, sobre los ojos, el lila queda lila, el azul es azul y así sucesivamente), pero no tan brillantes como una esperaría. Medio debiluchos, digamos. La duración, no sé si soy yo que vengo mal aspectada o qué, no es tan buena como en otros cuartetos aún con primer de base. Hay que esfumar con cuidado porque tienden a desvanecerse con facilidad. Supongo (y cuando digo "supongo" quiero decir "espero") que en tonos de pieles más pálidos y sonrosados pueden quedar mejor. Al no ser tan vivarachos, son buenos colores de transición (el color que va entre el que marca la profundidad y el del hueso de la ceja) si es que queremos salirnos de los típicos marroncitos.

Resumiendo: excepto el verde, son sombras que amagan y se quedan en el intento en varios aspectos.