Reseña: sombra en crema de Karina Rabolini en Forest

Si sos argentina sabés quién es, fue y puede llegar a ser Karina Rabolini. Si no sos argentina, te invito a googlear. Cuando quieras. Mi computadora o la tuya. Yo llevo galletas. Honestamente, al principio no sabía qué esperar. Es el primer producto que tengo de la marca (ni siquiera probé esas cremas que estuvieron de moda hace unos años y hoy pululan en el sector de regalería de las farmacias). Me compraron el color (amo el verde, a esta altura ya se deben haber dado cuenta) y la promesa de una sombra en crema siliconada que no se iría a ninguna parte después de ser depositada en mi párpado.

La sombra viene en su correspondiente cajita, muy monona, de diseño super minimalista. El potecito es simpático pero plantea el primer problema: nunca lo pude volver a cerrar bien. La tapa gira torcida, ¿se entiende?. Si sos obsesiva como yo, eso no te va a dejar dormir por las noches. Me molesta. Terriblemente. Sí, ya sé. Algún día voy a ir a parar al diván. Eso sí, hasta que termine de liquidar todos mis asuntos que les haga las reseñas Magoya.

Ya habiendo experimentado con otras sombras en crema antes, la primera vez que usé Forest fui a lo seguro y usé poquitísimo. Segundo problema: no se la ve. El tema podría ser mi tez verdosa que absorbe el color. Es probable. Todavía no hice el intento de usarla en gente más saludable. Probé de nuevo poniendo un poco más. Llegó la visibilidad, más doradita que verde, pero también llegó el tercer problema: se acumula en el pliegue. Horror de horrores.

Ya estaba a punto de revolear todo, llamar a Scioli y pedir que me devuelvan la guita, cuando tuve una epifanía. ¿Se acuerdan del trío Maybelline que también sufría de invisibilidad? Resulta que sobre Forest (capita finísima para que no se corra) queda bárbaro. Los colores resaltan de una buena vez, cosa que no sorprende porque tienen una base verdo-doradosa, como Forest. Encima dura bastante bien.

Resumiendo: per se no me gustó nada, pero como base para otras sombras funciona. Si un día me levanto con ansias de peligro, me compro en otro color y les cuento.