Reseña: Cuarteto Rimmel en Smokey Noir

Sus promesas eran simples, triviales. Quizá por eso, por su liviandad, era más doloroso ver que nunca llegaba a cumplirlas.

De Madame Bovagris

Soy un desastre como blogger. Debería haber escrito esta reseña hace siglos, pero me olvidé. La vejez me tiene mal.

Probablemente todavía encuentren este cuartetito en su perfumería o farmacia amiga. Es tentador. Una lo ve y dice: Yo puedo hacer algo con esto. Veamos, entonces, qué podemos hacer con él.

Este cuarteto, desde el vamos, arranca con una falacia. Noir es negro en francés y las cuatro sombras son grises. Sí, ésa es gris, oscura pero gris al fin. Tenemos, entonces: un quasi plateado con brillo, un gris medio satinado, un gris claro con brillo y uno oscuro mate. Dicho de ese modo, la paletita parece bastante equilibrada.

El tema es la pigmentación.  Hay que ponerle ganas y aplicar capa tras capa hasta tener color excepto en el oscuro. Los más claros tienden a mimetizarse después del esfumado, así que ése es otro punto a tener en cuenta. La textura también da algo de problemas. El brillo tiende a dispersarse por todos lados y las sombras mates son un poco polvosas, aunque nada grave.

En cuanto a la duración, los más claros tienden al desvanecimiento progresivo. Debe haber un lugar misterioso en alguna dimensión paralela adonde van a parar estas sombras, quizá junto a medias y capuchones de lapiceras perdidos. El gris oscuro tiene más aguante.

Usos alternativos para este cuarteto (porque ya que lo tenemos hay que sacarle el jugo): los claros están bien para iluminar el lagrimal (pero recordando que se van a desvanecer) y el oscuro para delinear usando un pincelito chanfleado.

Resumiendo: es un cuartetito usable, pero hasta ahí nomás.