Industria Argentina V: Artez Westerley en Gold

Era la última de la fila, siempre. Olvidada, relegada, triste. Sabía, sin embargo, que su oportunidad de brillar no estaba lejos.

De El frasquito feo

Sí, volví y soy sillones. Al menos un sillón más ancho del que se fue hace un par de semanas. Y más bronceado, pero de eso voy a hablar en otra oportunidad. Cabe aclarar, entonces, que tomé estas fotos antes de irme, de ahí la piel pálida y verdosa que, oh mi suerte, tanto extraño.

Artez Westerley es una marca argentina a la que en mi juventud prestaba un poquito más de atención. Después me fui volcando a marcas un poco más glamorosas y pasó al olvido. Hace un par de años casi, buscando un tono apropiado para un casamiento, me reencontré con AW. No fue amor a primera vista, no hubo vioniles, ni lluvia de pétalos de rosa, ni cisnes con tortícolis. Pasó que, simplemente, Gold era el tono que más se aproximada a lo que necesitaba. Fue, confieso, un one night stand. Lo usé esa noche sin estar demasiado convencida y listo, al cajón de los recuerdos.

Justo antes de irme de vacaciones, buscando entre mi colección, se me ocurrió que era hora de volver a usarlo. Primera sorpresa: después de casi dos años, el esmalte estaba en excelentes condiciones. Fluido y sin fases (¿vieron cuando el esmalte se separa en dos fases, una con el pigmento y la otra con... con...? Bueh, ustedes entienden). La aplicación fue un paseo por el parque, en la primera capa da una cobertura bastante buena y pareja; en la segunda ya todo cierra perfectamente. Con base y topcoat, dura una barbaridad. Eso sí, creo recordad que, allá lejos y hace tiempo, mi ahijado hizo su propia interpretación de la famosa escena de la película Carrie tirando al piso un AW fucsia que solía tener. Doble moraleja: tener cuidado con el frasco que se rompe fácil y mantener alejados a los niños de los esmaltes. Sobre todo a los que tienen tendencia a la destrucción.

Queda un pequeño detalle pendiente: el color. No es un dorado puro, tiene algo de cobre y eso lo hace un tono un poco difícil de llevar. Bah, a mí no me convence del todo, como ya dije antes. Es demasiado cálido para mi (ex) tono de piel.

Resumiendo: los esmaltes Artez Westerlez (y toda la línea de maquillaje, claro) suelen abundar en perfumerías y farmacias. Al menos en las que tengo cerca. La calidad es muy buena y vale la pena darles una oportunidad.