Reseña: Sleek en Suede

Hay rubores que una va, los mira y dice: ¿Y esto cómo me irá a quedar? Las respuestas pueden ser: _¡Hermoso!_ si está escuchando una vendedora ávida de hacerte pisar el palito.

_ ¿Eh?_ si el que está escuchando es tu marido, novio, profesor de tenis o similar.

_ Señora, no sé de qué me habla_ si es que la pregunta llega a los oídos de algún incauto que justo pasaba por ahí, pobre.

Suede es un color que para muchas puede llegar a ser complicado. A medio camino entre un marrón y un rosa desganado, no es ni deja de ser cuando te mira desde el envase. Ahora bien, sobre mi piel es. El ser morocha pálido-verdosa me habilita a usar casi cualquier cosa en las mejillas, porque inmediatamente tomo color a ser vivo, no importa cuán tímido sea el rubor en cuestión. Y bueh, alguna ventaja tenía que tener ser de este color insalubre.

La textura es suave, no polvorienta y tiene muy buena pigmentación tratándose de un color tan qué sé yo. Prefiero ponerlo con la brocha de rubor de Real Techniques (sí, debo reseña) para lograr una concentración adecuada del producto sobre estos cachetes curiosos que Dios me dio. Es raro que lo use solo, a menos que quiera algo muy natural. Generalmente lo aplico como primera capa de color sobre el hueso de la mejilla, sin llegar a la famosa manzana, para después superponer un color más vivaracho y lograr más profundidad. También es válido usarlo para marcar el pliegue del ojo en looks súper naturales y relajados.

Cerremos esta reseña con el tema del packaging. Sleek es conocido por sus envases negros elegantes, imanes impiadosos de huellas digitales. Trae un espejo de los buenos, cierra como corresponde (de hecho, con demasiado énfasis) y pinta resistente. Pinta, tampoco vamos a andar probando si aguanta una caída o un revoleo.

Resumiendo: no es un color para todas. En algunas pieles puede quedar más marrón que otra cosa, aunque en esos casos bien puede funcionar para contorno ya que es un tono medio frío.