De clásicos y experiencias en MAC

Este post no es una reseña per se, de ahí la falta de fotos y swatches. Es más bien un berrinche con final feliz. O algo así.

De todas las marcas que pululan la beautósfera (?), MAC es una de las que menos me llaman la atención. Creo que ya hablamos de esto antes. No sigo el lanzamiento de sus colecciones limitadas y suelo pasar impávida frente a sus tiendas y mostradores. No tenemos mucha onda, con MAC. A pesar de eso, puedo reconocer un buen porcentaje de sus sombras sin haberlas visto en vivo y estoy al tanto de cuáles son los productos que alcanzaron holy grail status dentro de la comunidad de YouTube. Ahí sí me empieza a picar la curiosidad. Hoy todo está medio manchado por el esponsoreo y las reseñas de dudosa moral y a, pesar de eso, el 239, Painterly y Warm Soul siguen firmes en la lista de preferidos de gurús de YouTube y otros entusiastas del maquillaje.

Lo que también circula por ahí es que las experiencias con los MUA de MAC no suelen ser muy reconfortantes. La mitología describe al personal de MAC como una bestia de miles de cabezas, algunas indiferentes, otras apabullantes, todas con un infinito aire de superioridad. Si es así o no no lo puedo asegurar. Mi experiencia con el personal de MAC se limita a una chica adorable en un mostrador en Bloomingdale's, una señorita abúlica en un local de la marca y la jocosa pesadilla en mi reciente visita a Macy's. Y sí, de esto último les voy a hablar hoy.

Paint pot de MAC, en Soft Ochre. El producto que comenzó todo.

Todo comenzó cuando intenté cortar camino atravesando un Macy's en un shopping de la zona. Al pasar por el mostrador de MAC recordé que quería ver qué tal los famosos paint pots. Estoy bastante satisfecha con mis Color Tattoos, pero no tengo nada que pueda usar desde las pestañas a las cejas para unificar el color de mis párpados. Y a esta edad ya necesito esa ayudita. Painterly es demasiado rosa para mi tono de piel, así que Soft Ochre es la alternativa lógica. Me asomé al mostrador de MAC, miré el potecito y me gustó. Ahí debería haber terminado todo. Pero no. Como tenía tiempo y sueño, mi cerebro me tiró el dato de que no sé qué tono soy en las bases de MAC. Según mis cálculos, soy NC 20-25, pero como nunca me colormatchearon no lo tenía en claro. Y sigo sin saber, al menos en esa escala.

La Señorita del Mostrador (SdM), emprendedora y con ganas de vender, me señaló una banqueta, me preguntó mi tipo de piel y me pasó una toallita desmaquillante. Me saqué todo el revoque mientras ella juntaba productos varios sobre el mostrador. Y entonces empezó la comedia. Lo primero que hizo fue ponerme un primer que, deduzco, es el Prep + Prime Skin. Digo "deduzco" porque jamás me mostró el envase ni me contó qué ingredientes tenía. Sí se embarcó en un chachareo sobre cuán bueno era el primer aunque sin explicar por qué. Seguido acto, se dedicó a empastarme la cara con la MatchMaster en 1.5 (lo sé porque le pregunté al final) y brochazos de un 187 (creo). Como tenía un espejo para ver qué hacía la sujeta, pude apreciar cómo la base quedaba amontonada en los lugares menos pensados, como la nariz y el centro de la frente. Eran líneas de base, como cuando pasás el tenedor por encima del puré de papas. En el resto de la cara me dejó una capa espesa que jamás llegó a integrarse con la piel. Para ser justa tengo que decir que el color, al menos, era el indicado. Después de eso pasó a espolvorearme con el Mineralize Skinfinish Natural en Medium. Ahí comprobé a qué se debe la fama de este producto. Aún en las zonas donde peor se amontonaba la base, el polvo dejó un acabado aterciopelado y parejo. ¿Natural? Ni a palos. ¿Prolijo? Considerando la situación, sí. 

El Mineralize Skinfinish Natural de MAC, en Medium. Un héroe inesperado.

La parte de color siguió el mismo camino. Mientras yo evaluaba los pros y contras de empezar a reírme a carcajadas o protestar a viva voz, ella procedió a hacerme el contour con un bronzer. Repito: con un bronzer. Naranja. Con brillo. Resistance is futile, me dije, y me resigné a esperar a que todo terminara lo más rápido posible. Ajena a mis disquisiciones mentales, la SdM me puso el rubor en las manzanas de las mejillas, bien cerca de la nariz. Eso puede tener algún sentido en otros casos, pero no con la cara redonda y dos cajones de manzanas de cada lado. Para finalizar me llenó la cara de highlighter, un no-no para la piel grasa y los poros amplios.

El espectáculo de la piel pesada, los cachetes enfatizados y las ojeras a flor de piel (porque al corrector lo dejamos para otra vuelta, parece) era digno de verse. Ahora bien, en medio de ese descontrol estético, el Skinfinish me guiñó el ojo. "Este mamarracho podría ser mucho peor sin mí", me susurró mientras la SdM me miraba satisfecha esperando hacer la venta del siglo. Me calcé los lentes de sol y traje el polvo a casa a pesar de todo. No me equivoqué. Me vino al pelo para terminar de tapar el brote que me sacó la base. O quizás fue el primer, quién sabe. Lo que sí sé es que el producto se la re banca.

La moraleja del caso es que sentarte a un makeover en un mostrador es una lotería, sea la marca que sea. Supe salir naranja de manos de Burberry alguna vez, mientras que en otra oportunidad una señora en Clarins me dejó hecha una pinturita (lástima que la pinturitez no se correspondía con mi presupuesto). Lo importante es ver qué es lo que se destaca cuando todo lo demás falla, sea la aplicación del maquillaje, la elección de tonos o tu billetera. En MAC fue el polvo; en Burberry, el rubor; en Clarins, el concealer. Son tres productos maravillosos y no me arrepiento.

¿Qué tal les va a ustedes con los MUA en MAC o en otras tiendas? ¿Tuvieron suerte?