Look polka dots

Los lunares están en todos lados, hasta en las uñas. Hace un par de semanas leí un post al respecto en Cosas de Xikas. Intercambié un par de mensajes con Sofía y me terminé de decidir: con o sin herramientas, con o sin fritas, salen las uñas a lunares. Y sanseacabó.

Esto fue lo que usé:

  • De base elegí a mi amado Rimmel en Black Out.
  • Para los lunares, a Graceful de Revlon.
  • Como herramienta, un palillo o escarbadientes cortado prolijamente con una tijera.

El resultado es este:

¿Tengo que decirles que me en-can-ta? A pesar de tener las uñas diminutas quedó bastante bien. El tema es encontrar la presión justa para que los lunares queden de tamaño similar (si queremos eso, claro).

Esperen más combinaciones de colores, porque esto de los lunares da para rato.

¿Ustedes se animan?

Reseña: Revlon Colorstay en Fall Mood

Una está aquí, de este lado del mundo, sin hacerle daño a nadie y zas, se viene a enterar que Revlon también tiene esmaltes de uñas en su línea Colorstay. Ah, ¿ustedes ya sabían? Yo no, las noticias llegan medio tarde a mi tupper. Así es como, en la Gran Avalancha de Regalos que dejó el paso de Hermana#1 por estos pagos, vine a encontrar uno de estos esmaltes en un tono precioso, Fall Mood. Qué mejor nombre para definir mi humor durante el verano. Quiero otoño y lo quiero ya.

Desde el vamos, Fall Mood es distinto y se la banca. El envase es muy diferente a los de la marca, aunque mantiene la tapa negra larga y delgada. El pincel es confiable, fino y permite precisión (dentro de la bestialidad de cada una, claro está). El color es un cobrizo dorado precioso, que evoca a las hojas crujientes del otoño.

_ Disculpame, pero aquí en otoño las hojas secas son marrones.

_ Bueno, el otoño en Seattle, ponele.

La fórmula es muy buena. Le tenía un poquito de miedo porque tiene toneladas de microglitter (muy distinto a las nanopartículas de mis otros esmaltes Revlon), pero a pesar de ser espesa es bastante fácil de pilotear. No se apelotona ni se subleva, corriendo sobre la uña con facilidad. El color queda bien opaco en una sola pasada, aunque lo que ven en las fotos es lo que se logra con dos capas. No tarda demasiado en secarse y, sin base ni topcoat (me puse experimental), aguantó cinco días sin decir ni mú. Los resultados pueden variar, Hermana#1 empezó a tener problemas al día siguiente sin previo aviso.

Resumiendo: a pesar del nombre está bueno para todo el año. Tiene brillo pero no encandila, así que viene bien para cualquier ocasión.

Segundas oportunidades

Hay productos que en la primera vuelta desencantan o no convencen o, si bien funcionan, pasan rápidamente al olvido postergados por otros más espectaculares. Meses después, una los encuentra en el fondo del cajón y se pregunta ¿y si lo uso de vuelta?. Caben dos finales posibles: o sigue sin gustarnos (o nos parece incluso peor) o de golpe nos enamoramos y los violines suenan mientras caen pétalos de rosa del cielo y un unicornio pasa trotando por ahí (a los tropezones y cegado por los pétalos, obviamente, o cuál creían que era la principal causa de accidentes de tránsito unicorniales). _ WTF?

_ No sé, la verdad.

En fin, en los últimos días me reencontré con dos productos, un esmalte y una sombra, a los que de entrada había odiado con énfasis. El primero es Plum Night, de Revlon, cuya reseña inicial, con fotos y todo, pueden leer aquí. Pensé que, con el paso del tiempo, el esmalte podría haberse hecho un poco más dócil y manejable. Error. Craso error. Sigue estando insoportablemente líquido, se seca más desparejo de lo que recuerdo y no hay té de tilo que valga con este esmalte. Vuelve al fondo del cajón.

La sombra es la 060 de Rimmel London, Bronzed, de la cual nunca hice reseña porque la detestaba. El tema es que esta sombra traía por encima una capa de un color metálico (todavía apreciable en los bordes) que sobre mis párpados daba un efecto poco feliz. Por debajo, está la sombra en serio, más rojiza y satinada, que es lo que pueden ver en las fotos. Un color divino para el invierno, medio óxido. Ahora ámolo y pronto van a poder ver un look con esta sombra.

Por ahora, el conteo de las segundas oportunidades va uno para el sí y otro para el no. Veremos qué depara el destino la próxima vez.

Look verde y dorado... en uñas

Tengo una relación amor/odio con las uñas decoradas. Hay cosas que me parecen muy bonitas, algunas que están buenas pero que jamás usaría por una cuestión de timidez (sí, tengo mis límites) y otras que... ¿Sandías? ¿En serio? Bueh, son tus uñas y no las mías.

Esto de pintar distinto la uña del dedo anular no es nuevo, pero se está haciendo más popular en los últimos tiempos. Accent nail le dicen en inglés a la uña que queda en off side, sola con su alma, separada de sus hermanas por los más diversos detalles. Se cambia el color, se ponen piedras, se pintan reproducciones de la Mona Lisa, todo vale. Yo opté por lo más tranqui, es decir, solo una capa de esmalte con glitter (en este caso Looks like rain dear de Sephora by OPI, del mismo set que Teal we meet again) sobre Militar de Colorama.

El resultado me gusta pero hasta ahí. Tengo que hacerme a la idea de tener una uña distinta y que esto no sea un error. Quizá pruebe otras alternativas, aunque no creo que sea algo que use con regularidad.

¿Y ustedes, qué onda con la accent nail?

 

Industria Argentina V: Artez Westerley en Gold

Era la última de la fila, siempre. Olvidada, relegada, triste. Sabía, sin embargo, que su oportunidad de brillar no estaba lejos.

De El frasquito feo

Sí, volví y soy sillones. Al menos un sillón más ancho del que se fue hace un par de semanas. Y más bronceado, pero de eso voy a hablar en otra oportunidad. Cabe aclarar, entonces, que tomé estas fotos antes de irme, de ahí la piel pálida y verdosa que, oh mi suerte, tanto extraño.

Artez Westerley es una marca argentina a la que en mi juventud prestaba un poquito más de atención. Después me fui volcando a marcas un poco más glamorosas y pasó al olvido. Hace un par de años casi, buscando un tono apropiado para un casamiento, me reencontré con AW. No fue amor a primera vista, no hubo vioniles, ni lluvia de pétalos de rosa, ni cisnes con tortícolis. Pasó que, simplemente, Gold era el tono que más se aproximada a lo que necesitaba. Fue, confieso, un one night stand. Lo usé esa noche sin estar demasiado convencida y listo, al cajón de los recuerdos.

Justo antes de irme de vacaciones, buscando entre mi colección, se me ocurrió que era hora de volver a usarlo. Primera sorpresa: después de casi dos años, el esmalte estaba en excelentes condiciones. Fluido y sin fases (¿vieron cuando el esmalte se separa en dos fases, una con el pigmento y la otra con... con...? Bueh, ustedes entienden). La aplicación fue un paseo por el parque, en la primera capa da una cobertura bastante buena y pareja; en la segunda ya todo cierra perfectamente. Con base y topcoat, dura una barbaridad. Eso sí, creo recordad que, allá lejos y hace tiempo, mi ahijado hizo su propia interpretación de la famosa escena de la película Carrie tirando al piso un AW fucsia que solía tener. Doble moraleja: tener cuidado con el frasco que se rompe fácil y mantener alejados a los niños de los esmaltes. Sobre todo a los que tienen tendencia a la destrucción.

Queda un pequeño detalle pendiente: el color. No es un dorado puro, tiene algo de cobre y eso lo hace un tono un poco difícil de llevar. Bah, a mí no me convence del todo, como ya dije antes. Es demasiado cálido para mi (ex) tono de piel.

Resumiendo: los esmaltes Artez Westerlez (y toda la línea de maquillaje, claro) suelen abundar en perfumerías y farmacias. Al menos en las que tengo cerca. La calidad es muy buena y vale la pena darles una oportunidad.