El alcohol es la respuesta

¡Shalú! Antes de que se escandalicen (o emborrachen), cuéntoles de qué se trata este post.

Como ya saben, mi hada madrina personal, también conocida como Hermana#1, vive en el Hemisferio Norte, codeándose con osos y arrojando bolas de nieve a incautos la mayor parte del año. Bueno, no es para tanto.

Así es que ella tiene acceso a productos que aquí no vemos ni pintados y cuando se emociona manda un paquetillo a mi hogar, donde también procedo a emocionarme yo. Esta semana me llegaron dos envíos, uno con productos de Lise Watier y otros de Joe Fresh, representantes de la industria canadiense. Los de LW, debido a su envase a prueba de un colisionador de hadrones, no se inmutaron por el viaje. Pero un rubor y una sombra de Joe Fresh sufrieron el clásico síndrome de Maquillaje Hecho Polvo.

Ustedes no me conocen, pero soy capaz de tirar una bufanda de 3 metros por la ventana si se me escapa un punto en la última vuelta o revolear hacia el techo una torta si un rulo del merengue me salió torcido. No sé lidiar con las catástrofes cotidianas, no de modo positivo, al menos. Por eso es notable que en este caso, en lugar de llorar por el pigmento derramado, me haya sentado a buscar un video en YT y proceder a arreglar el desastre con una paciencia digna de un monje tibetano.

El video por el cual me guié fue éste. Cubrí el área de trabajo con papel de cocina y procedí a destruir con el extremo de una cucharita toda la sombra hasta dejarla hecha polvo de a de veras. En ese punto el polvo resultante superó con creces el borde del envase, por lo que lo achaté un poco (andá a saber si eso está bien o no). Como no tenía un gotero, usé una jeringa descartable de las chiquitas y puse alcohol al 96% sobre la sombra hasta que quedó bien mojada. El truco es hacerlo en etapas y esperar bien entre tanda y tanda de alcohol para no terminar con un charco colorido. Fui achatando el producto con el dorso de la cuchara durante el proceso, para ir compactándola de a poco. Al final le puse un papel de cocina encima y la aplasté un buen rato con una tapita de gaseosa, que era casi del mismo diámetro que la sombra. Así salió el exceso de alcohol y quedó un dibujo sobre la sombra. Y listo.

Hice lo mismo con el rubor, aunque me costó la parte de la presión porque no encontré nada del tamaño adecuado (ni siquiera un trozo de cartón para cortar), así que no quedó tan prolijo.

Dejé los envases abiertos por una noche para que el alcohol se terminara de evaporar y voilà! Todo solucionado.

Este post no pretende enseñarles, sino darles esperanza. Si yo pude hacerlo, cualquiera puede.